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Anquiloglosia en bebés: cuándo el frenillo lingual corto dificulta la lactancia

La anquiloglosia, también conocida como frenillo lingual corto, puede dificultar la lactancia desde los primeros días de vida del bebé. Cuando el frenillo —esa pequeña membrana que une la lengua con el piso de la boca— es más corto o grueso de lo habitual, limita el movimiento de la lengua y eso afecta el agarre al pecho. Como resultado, aparecen señales que muchas veces se confunden con otras causas: dolor en el pezón al amamantar, chasquidos durante la succión, tomas largas sin que el bebé quede satisfecho o escaso aumento de peso. Saber identificar estos signos y entender cuándo es necesario consultar puede marcar la diferencia en el éxito de la lactancia y el bienestar de mamá y bebé.

¿Qué es la anquiloglosia y cómo afecta la lactancia?

El frenillo lingual es un pliegue de tejido que normalmente permite que la lengua se mueva con libertad. En la anquiloglosia, ese tejido es más corto, más grueso o está insertado más cerca de la punta de la lengua, restringiendo su movilidad. Durante la lactancia, el bebé necesita elevar y extender la lengua para comprimir el pezón contra el paladar y así extraer la leche de forma eficaz. Si el movimiento está limitado, el agarre se vuelve superficial y la transferencia de leche disminuye.

Esta dificultad genera un círculo de frustración: el bebé succiona con más fuerza para compensar, lo que produce dolor e incluso grietas en el pezón de la mamá, mientras que él no recibe suficiente alimento y puede perder peso o no ganarlo adecuadamente. Además, la estimulación insuficiente del pecho puede reducir la producción de leche, agravando el problema.

La anquiloglosia no siempre causa problemas. Algunos bebés compensan con otros movimientos de la boca y se alimentan sin inconvenientes. La evaluación se enfoca en cómo funciona la lactancia en cada caso particular, no solo en el aspecto del frenillo.

Señales de que el frenillo corto puede estar afectando al bebé

No todas las dificultades en la lactancia se deben a anquiloglosia, pero ciertos signos pueden orientar:

  • Dolor persistente al amamantar: más allá de las primeras semanas, con grietas, ampollas o pezones deformados al terminar la toma.
  • Chasquidos o ruido al succionar: indican que el bebé pierde el sellado labial repetidamente porque no logra sostener el pezón con la lengua.
  • Tomas muy prolongadas o muy frecuentes: el bebé no se suelta espontáneamente y pide pecho constantemente sin parecer satisfecho.
  • Escaso aumento de peso: a pesar de pasar muchas horas al pecho, el bebé no gana peso según lo esperado para su edad.
  • Dificultad para mantener el agarre: se suelta repetidamente del pecho o no logra agarrar bien desde el inicio.
  • Lengua con forma de corazón al llorar: cuando el bebé llora o intenta sacar la lengua, se observa una muesca en la punta que le da esa forma característica.

Si identificás varios de estos signos, es recomendable consultar con un profesional capacitado en lactancia y en evaluación de frenillo. Aunque algunos de estos síntomas tienen que ver con la salud bucal del bebé, ciertas intervenciones tempranas pueden evitar complicaciones más adelante; de hecho, en la clínica atendemos a pacientes de todas las edades, desde bebés hasta adultos mayores, incluyendo odontología geriátrica para quienes necesitan cuidados específicos en etapas posteriores de la vida.

¿Cómo se evalúa el frenillo lingual en un bebé?

La evaluación del frenillo no se limita a mirar su aspecto. El profesional observa cómo el bebé usa la lengua durante la succión, cómo se mueve en reposo y cómo afecta eso a la lactancia. Existen protocolos de evaluación funcional que combinan la observación del frenillo con la valoración del comportamiento durante la toma.

Evaluación funcional de la lactancia

El odontólogo o el especialista en lactancia pedirá información sobre cómo se desarrollan las tomas: duración, frecuencia, si hay dolor, si el bebé traga de forma audible, si se observan movimientos de la mandíbula y la lengua. También observará una toma en vivo siempre que sea posible, para identificar el patrón de succión real. La apariencia del pezón después de amamantar aporta información valiosa: un pezón comprimido, con forma de lápiz labial o con marcas blancas indica un agarre deficiente.

Además, el profesional revisará la boca del bebé para evaluar la inserción del frenillo, su grosor, elasticidad y hasta dónde llega la lengua cuando el bebé intenta elevarla. A veces, el frenillo luce corto pero la lengua tiene movilidad suficiente; otras veces, el frenillo parece fino pero limita el movimiento de forma importante.

Cuando la salud bucal requiere tratamientos más complejos en otras etapas de la vida, es importante recordar que un diagnóstico temprano y oportuno marca la diferencia; así como en bebés evaluamos el frenillo, en adultos también evaluamos el estado de las encías, y cuando está indicado se realiza un tratamiento de periodoncia para preservar la salud de los tejidos que sostienen los dientes.

¿Cuándo se indica tratar la anquiloglosia y en qué consiste el procedimiento?

No todos los casos de frenillo corto requieren intervención. El tratamiento se indica cuando hay evidencia clara de que el frenillo limita la función y afecta la lactancia o el bienestar del bebé y la mamá, y cuando otras medidas —como mejorar la posición al amamantar o recibir apoyo de una consultora de lactancia— no han dado resultado.

El procedimiento para liberar el frenillo se llama frenotomía o frenectomía, y consiste en seccionar el tejido para liberar la lengua. En bebés pequeños, puede realizarse con tijera estéril en un procedimiento breve, o bien utilizando tecnología láser. La frenectomía con láser ofrece ventajas en cuanto a precisión, menor sangrado y cicatrización más cómoda, aunque ambas técnicas son seguras y efectivas cuando las realiza un profesional capacitado.

El procedimiento es rápido, suele durar pocos minutos, y el bebé puede volver a mamar inmediatamente después. Es común que se observe mejoría en el agarre y en el confort de la mamá desde la primera toma posterior, aunque en algunos casos se necesita tiempo y apoyo adicional para que el bebé aprenda a usar su lengua con la nueva movilidad.

Después del procedimiento, el profesional puede indicar ejercicios de estiramiento suaves para evitar que el tejido vuelva a adherirse durante la cicatrización. Estos ejercicios son sencillos y se realizan durante unos días. El seguimiento es importante para confirmar que la lactancia mejora y que la cicatrización avanza sin complicaciones.

Así como el cuidado bucal temprano influye en la salud a largo plazo, mantener la salud de las encías también es clave en la vida adulta; por eso, quienes presentan inflamación o sangrado gingival se benefician de una evaluación en periodoncia para prevenir problemas mayores.

Otras consideraciones sobre la salud bucal del bebé y la mamá

El cuidado de la boca empieza desde el nacimiento. Aunque el bebé aún no tenga dientes, limpiar sus encías con una gasa húmeda después de las tomas ayuda a mantener la boca sana y prepara el terreno para la erupción dental. Cuando aparecen los primeros dientes, alrededor de los seis meses, es momento de incorporar el cepillado con una cantidad mínima de pasta dental con flúor.

En la mamá, la lactancia también puede afectar la salud bucal. El estrés, la falta de sueño y los cambios hormonales aumentan el riesgo de caries y de problemas gingivales. Mantener una buena higiene, una dieta equilibrada y consultas odontológicas regulares es esencial durante esta etapa.

Además, cuando surgen problemas dentales más complejos en la vida adulta, existen múltiples opciones de tratamiento. Por ejemplo, si un diente sufre una infección profunda, puede ser necesario realizar una endodoncia para conservarlo. Si el diente no puede salvarse, una alternativa habitual para reponerlo son los implantes dentales, que devuelven función y estética de forma duradera.

En algunos casos, problemas bucales en jóvenes o adultos pueden requerir intervenciones quirúrgicas específicas; cuando está indicada, la extracción de muelas del juicio previene complicaciones como infecciones, apiñamiento o quistes, especialmente cuando no tienen espacio para erupcionar correctamente.

Conclusión: la importancia de una evaluación oportuna

La anquiloglosia puede pasar desapercibida o confundirse con otras causas de dificultad en la lactancia. Identificar las señales a tiempo y consultar con profesionales capacitados permite tomar decisiones informadas sobre si es necesario intervenir o si basta con ajustar la técnica de lactancia y recibir acompañamiento.

Cada caso es único. No todos los bebés con frenillo corto necesitan tratamiento, y no todas las dificultades en la lactancia se deben al frenillo. Lo importante es que tanto el bebé como la mamá reciban el apoyo adecuado para que la lactancia sea una experiencia positiva y saludable.

Si tenés dudas sobre el frenillo lingual de tu bebé, dolor al amamantar o dificultades que no mejoran, no dudes en consultar. En Clínica Deauville, ubicada en Carrasco, contamos con profesionales capacitados para evaluar y tratar la anquiloglosia, además de ofrecer atención integral en todas las especialidades odontológicas para toda la familia. Podés agendar tu consulta a través de nuestra clínica dental en Montevideo y recibir el asesoramiento que necesitás para cuidar la salud bucal desde el inicio de la vida.

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